Jesús alzó los ojos y dijo: «Padre, te doy gracias porque me has oído. Y yo sabía que siempre me oyes...». Dicho esto, clamó a gran voz: «¡Lázaro, ven fuera!». Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas» (Juan 11:41-44). La oscuridad y la indefinición de la tumba ensombrecen a Lázaro al salir del sepulcro, todavía envuelto en los lienzos destinados a la sepultura. Afuera están Jesús, María y Marta, quienes lo saludan con asombro y solemne reverencia por el milagro que están presenciando. (https://history.churchofjesuschrist.org/exhibit/jorge-cocco?lang=eng#mv12)

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